Había una vez un héroe griego llamado Ulises que navegaba rumbo a su casa en la isla de Ítaca. Ulises tenía muchas ganas de llegar después de haber pasado 10 años en la guerra de Troya y estaba deseando abrazar a su esposa Penélope. Pero el viaje de vuelta en barco era muy muy largo y además estaba lleno de peligros. Uno de esos peligros eran las sirenas que se encontró en las aguas del Mar Mediterráneo.
Ulises, aunque era un héroe valiente y atrevido, tenía miedo
de las sirenas porque le habían contando una historia acerca de estos seres
marinos que le preocupaba. Decían que estos seres, mitad pez y mitad mujer,
cantaban canciones mágicas con las que embrujaban a los marineros para que se
acercaran a las rocas donde ellas vivían. Los marineros se quedaban junto a las
sirenas y nunca más volvían a casa.
Ulises no quería quedarse junto a las sirenas, quería volver
cuanto antes a su casa en Ítaca, pero como era muy curioso y siempre quería
saber más tampoco quería perderse ese canto mágico de las sirenas.
-¿Qué puedo hacer? -pensó Ulises. Y entonces se le ocurrió
un truco genial para poder escuchar los cantos de sirena sin peligro de
quedarse con ellas.
-Atadme al mástil del barco con fuertes cuerdas y que sea
imposible desatarme -pidió a los marineros que le acompañaban en su barco. Toda
la tripulación obedeció las órdenes de su capitán y ataron a Ulises con todas
sus fuerzas. Luego ellos mismos se pusieron tapones en los oídos para no escuchar
los cantos de las sirenas. Había prisa porque ya se estaban acercando a las
rocas llenas de sirenas cantando con sus melodiosas voces.
Solo Ulises podía escuchar los cantos mágicos de las sirenas
porque estaba atado al mástil bien fuerte. En cuanto las sirenas vieron el
barco de Ulises, empezaron a cantar y a llamar a Ulises por su nombre.
-Ulises, ven con nosotras -decían las sirenas. Y lo hacían
con una voz a la que era imposible resistirse. Ulises forcejaba para desatarse,
pero sus marineros le habían atado tan bien que le fue imposible moverse. Eso
le salvó, porque si no, se hubiera arrojado al mar sin dudar atraído por el
misterioso canto de las sirenas.
Así fue como el barco siguió su rumbo y se alejó de las
rocas donde vivían las sirenas. Y así fue como Ulises consiguió volver a su
hogar y convertirse en el único hombre que pudo contar esta aventura del canto
de las sirenas. Porque con ingenio cualquier problema se puede resolver.

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