Deméter caminaba tranquilamente por un bosque cuando de repente oyó un grito de su hija Perséfone. Deméter corrió a ayudarla pero no le dio tiempo porque cuando llegó junto a ella, vio cómo Hades se la llevaba en su carro hacia su reino subterráneo, un lugar del que decían no se podía salir jamás. Deméter montó en cólera y pidió ayuda al resto de los dioses para sacar a su hija de allí, pero todos le tenían mucho miedo a Hades como para pedirle explicaciones. Entonces Deméter les dijo enfurecida:
- Pues si no me ayudáis a recuperar a mi hija Perséfone, os
vais a enterar.
Entonces se cruzó de brazos y dejó de trabajar como diosa de
la naturaleza. Los campos se secaron, las hojas de los árboles se cayeron, ya
no había flores en los jardines y no dejó pasar el sol. Nadie tenía alimentos
para comer y la gente estaba pasando hambre. Así que al resto de los dioses no
les quedó más remedio que actuar.
Llamaron al dios del mundo subterráneo, Hades, para que
saliera en su carro a la superficie y entre todos tuvieron una conversación.
Los dioses, preocupados, dijeron a Hades:
- Hades, tienes que devolver a Perséfone porque Deméter está
muy triste y enfurecida, y no quiere trabajar. La gente está pasando hambre y
todos los campos se han secado.
- Perséfone no va a volver - decía Hades - porque del mundo
subterráneo solo se puede salir con mi permiso. Y además vive feliz conmigo.
La negociación parecía difícil, pero al final entre todos
los dioses convencieron a Hades para que dejara salir a Perséfone durante al
menos 6 meses al año. Ese tiempo podía pasarlo junto a su madre Deméter y luego
volvería con él. Hades accedió y dejó salir a Perséfone.
La alegría de Deméter al volver a ver su hija hizo que todo
floreciera de nuevo, los frutales, las verduras en las huertas, el trigo en los
campos. Entonces llegó la primavera llenándose el mundo entero de color y
alegría. La primavera dio paso al verano cuando Deméter y Perséfone disfrutaban
en la playa con el calor del sol.
Pero, tras la primavera y el verano, que duraban 6 meses,
Perséfone tenía que volver pronto junto a Hades. Cada año, como habían
concertado los dioses con Hades, Perséfone volvía al mundo subterráneo y
Deméter se ponía tan triste que las hojas de los árboles se caían, dejando paso
al otoño. Y cuanto más tiempo pasaba sin su hija, Deméter se ponía a tiritar de
frío y así llegaba el invierno. Pero como la vida es un ciclo, finalmente, la
primavera y el verano siempre volvían. Y eso hasta los días de hoy.

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